Durante d茅cadas, la izquierda latinoamericana se vendi贸 como la due帽a de la justicia social. Si alguien cuestionaba sus impuestos, era enemigo de los pobres. Si denunciaba el despilfarro, carec铆a de sensibilidad. Si defend铆a la propiedad privada, era un sirviente del capital. Con ese chantaje construyeron una maquinaria formidable: ellos administraban el dinero, ellos repart铆an las culpas y el ciudadano pagaba la cuenta.
Pero ese negocio pol铆tico empieza a encontrar resistencia. La derecha recupera terreno porque cada vez resulta m谩s dif铆cil convencer a quien trabaja de que necesita otro bur贸crata viviendo de su esfuerzo.
Brasil acaba de darle un golpe al pedestal de Lula. Fl谩vio Bolsonaro qued贸 por delante en la primera vuelta y ambos disputar谩n la presidencia el 25 de octubre. Lula todav铆a puede ganar; presentarlo como un expresidente ser铆a adelantarse al resultado. Pero el mensaje de las urnas ya existe: su nombre y su historia dejaron de garantizarle el primer lugar.
Ah铆 est谩 la grieta que importa. Cuando un movimiento necesita recurrir siempre al mismo caudillo para justificar su existencia, termina confesando su pobreza de ideas. La renovaci贸n se convierte en una amenaza, la cr铆tica en una traici贸n y el partido en patrimonio personal.
La izquierda quiere explicar sus retrocesos culpando a las redes, a los empresarios, a Washington o a la supuesta ignorancia del votante. Qu茅 conveniente: cuando gana, habl贸 el pueblo; cuando pierde, alguien manipul贸 al pueblo. Nunca considera que el ciudadano pudo escucharla, entenderla y decidir que ya tuvo suficiente.
El argumento libertario debe ser frontal: la riqueza necesita producci贸n, inversi贸n y trabajo. Un decreto puede repartir recursos existentes; no puede sustituir las condiciones que permiten crearlos. Y cuando el poder castiga al que produce para financiar su propia expansi贸n, termina debilitando la base econ贸mica de todas sus promesas.
El Estado no tiene una billetera m谩gica. Sus gastos salen de los contribuyentes, del endeudamiento o de la emisi贸n, donde puede recurrir a ella. La factura llega, aunque el funcionario que inaugur贸 el programa ya est茅 buscando otro cargo. Vender cada desembolso como un regalo del gobernante es una estafa pol铆tica: el dinero nunca fue suyo.
Por eso el avance de la derecha representa una oportunidad. Permite disputar una idea que la izquierda convirti贸 en dogma: que m谩s gobierno significa autom谩ticamente m谩s bienestar. Hay que defender la libertad econ贸mica sin pedir disculpas, exigir seguridad y combatir el uso del presupuesto como instrumento de dependencia electoral.
Pero una derecha libertaria tambi茅n debe exigir resultados a los suyos. Reducir privilegios, abrir la competencia y respetar las instituciones cuesta m谩s que gritar contra el socialismo. Si conserva los mismos negocios protegidos y acomoda a sus amigos en el Estado, habr谩 cambiado el discurso mientras mantiene intacta la maquinaria.
Cuba y Nicaragua muestran hasta d贸nde puede llegar la subordinaci贸n de la sociedad al poder pol铆tico. Ninguna bandera ideol贸gica justifica perseguir disidentes o impedir que los ciudadanos puedan reemplazar libremente a sus gobernantes. Su eventual ca铆da tampoco tiene fecha garantizada: la libertad requiere organizaci贸n, presi贸n y una alternativa capaz de sostenerla.
M茅xico debe discutir el mismo problema: cu谩nto poder estamos dispuestos a entregar a un movimiento que pretende identificarse con el pueblo entero. Morena tiene que responder por sus decisiones. La popularidad de un dirigente jam谩s deber铆a funcionar como absoluci贸n permanente de su partido.
驴Se extingue la izquierda? Todav铆a conserva gobiernos, estructuras y electores. Lo que debemos enterrar es su pretensi贸n de superioridad moral, esa licencia para gastar sin rendir cuentas y llamar enemigo a cualquiera que pregunte por los resultados.
La derecha tiene una oportunidad hist贸rica. Que la aproveche para devolverle poder al ciudadano y quitarle privilegios a la casta.
Porque el que trabaja no naci贸 para mantener al pol铆tico. Y la libertad no necesita permiso de quienes hicieron del Estado su negocio.
#Libertad #BatallaCultural #ElBlogLibertario

